Al hablar de problemas de la fase de deseo normalmente nos referimos a la falta del mismo, ya que suele darse con mucha más frecuencia que los problemas de exceso de deseo. Las personas que presentan un bajo deseo sexual suelen mantener la capacidad de respuesta a nivel físico intacta. La dificultad se muestra habitualmente a través de la falta de apetencia por mantener relaciones sexuales.

Es muy importante resaltar que la falta de deseo no es un problema sexual en todos los casos. Sólo puede identificarse como tal cuando afecta a la calidad de vida de la persona que la padece o a la de su pareja. Cuando la persona afectada no lo interpreta como un problema sexual o existe una razón de fuerza mayor que lo justifica (un duelo ante la muerte de un familiar por ejemplo), no podemos considerarlo como una falta de deseo que necesita tratamiento.

El deseo sexual inhibido puede ser causado por problemas físicos y/o psicológicos. Las causas físicas son tan variadas como una simple infección, mala nutrición, ingesta de medicamentos, etc. Las causas psicológicas de la falta de deseo pueden ser el estrés crónico, la falta de satisfacción en la relación sexual, el desinterés por la pareja sexual, el sentimiento de monotonía en la vida sexual,…

Independientemente de la causa que la produzca, las personas suelen vivir esta situación con mucha angustia, miedo y sentimiento de culpa cuando se tiene pareja, llegando muchas veces a acceder a mantener relaciones sexuales por el “otro” y no porque realmente se desee, lo que en la gran mayoría de los casos produce aún más sufrimiento y malestar.

Otras veces puede aparecer incluso rechazo a un beso o a un abrazo aún apeteciéndonos darlo o recibirlo, por entender que eso pretende ir más allá y puede ser la puerta de entrada a una relación sexual.

Es necesario ser conscientes de que en estas situaciones no existen culpables, sino responsables y que los dos miembros comparten dicha responsabilidad, que deben compartir para poder resolver esta situación.

Es muy importante poder contar con el apoyo incondicional de nuestra pareja, ya que en muchas ocasiones un bajo deseo sexual puede afectar a la relación de pareja, y pueden aparecer dudas respecto a nuestros sentimientos, planteándonos si realmente queremos a esa persona que no deseamos sexualmente. Hay que tener claro que el no sentir deseo sexual por nuestra pareja no significa, necesariamente, que no hay amor hacia él/ella, sino que hay determinados aspectos de nuestra vida sexual que podríamos cambiar para hacerla más placentera.

La falta de deseo también puede deberse a la aparición de cualquier otro problema sexual (anorgasmia, dispareunia, problemas de erección, falta de control sobre la eyaculación, etc.). Al aparecer uno de estos problemas los encuentros sexuales pierden su caracter gratificante y se convierten en frustrantes; dejando de ser deseables. En este caso la falta de deseo no sería considerada como el problema sexual primario que debe recibir tratamiento sino como un efecto secundario del verdadero problema.

El tratamiento de la falta de deseo está enfocado a la solución de las causas que mantienen y originaron el problema. La Terapia Sexual ha demostrado ser muy eficaz en la solución de los problemas de falta de deseo. Si estás interesada/o, puedes consultar con un profesional de forma completamente anónima y gratuita.

Al hablar de problemas de la fase de deseo normalmente nos referimos a la falta del mismo, ya que suele darse con mucha más frecuencia que los problemas de exceso de deseo. Las personas que presentan un bajo deseo sexual suelen mantener la capacidad de respuesta a nivel físico intacta. La dificultad se muestra habitualmente a través de la falta de apetencia por mantener relaciones sexuales.

Es muy importante resaltar que la falta de deseo no es un problema sexual en todos los casos. Sólo puede identificarse como tal cuando afecta a la calidad de vida de la persona que la padece o a la de su pareja. Cuando la persona afectada no lo interpreta como un problema sexual o existe una razón de fuerza mayor que lo justifica (un duelo ante la muerte de un familiar por ejemplo), no podemos considerarlo como una falta de deseo que necesita tratamiento.

El deseo sexual inhibido puede ser causado por problemas físicos y/o psicológicos. Las causas físicas son tan variadas como una simple infección, mala nutrición, ingesta de medicamentos, etc. Las causas psicológicas de la falta de deseo pueden ser el estrés crónico, la falta de satisfacción en la relación sexual, el desinterés por la pareja sexual, el sentimiento de monotonía en la vida sexual,…

Independientemente de la causa que la produzca, las personas suelen vivir esta situación con mucha angustia, miedo y sentimiento de culpa cuando se tiene pareja, llegando muchas veces a acceder a mantener relaciones sexuales por el “otro” y no porque realmente se desee, lo que en la gran mayoría de los casos produce aún más sufrimiento y malestar.

Otras veces puede aparecer incluso rechazo a un beso o a un abrazo aún apeteciéndonos darlo o recibirlo, por entender que eso pretende ir más allá y puede ser la puerta de entrada a una relación sexual.

Es necesario ser conscientes de que en estas situaciones no existen culpables, sino responsables y que los dos miembros comparten dicha responsabilidad, que deben compartir para poder resolver esta situación.

Es muy importante poder contar con el apoyo incondicional de nuestra pareja, ya que en muchas ocasiones un bajo deseo sexual puede afectar a la relación de pareja, y pueden aparecer dudas respecto a nuestros sentimientos, planteándonos si realmente queremos a esa persona que no deseamos sexualmente. Hay que tener claro que el no sentir deseo sexual por nuestra pareja no significa, necesariamente, que no hay amor hacia él/ella, sino que hay determinados aspectos de nuestra vida sexual que podríamos cambiar para hacerla más placentera.

La falta de deseo también puede deberse a la aparición de cualquier otro problema sexual (anorgasmia, dispareunia, problemas de erección, falta de control sobre la eyaculación, etc.). Al aparecer uno de estos problemas los encuentros sexuales pierden su caracter gratificante y se convierten en frustrantes; dejando de ser deseables. En este caso la falta de deseo no sería considerada como el problema sexual primario que debe recibir tratamiento sino como un efecto secundario del verdadero problema.

El tratamiento de la falta de deseo está enfocado a la solución de las causas que mantienen y originaron el problema. La Terapia Sexual ha demostrado ser muy eficaz en la solución de los problemas de falta de deseo. Si estás interesada/o, puedes consultar con un profesional de forma completamente anónima y gratuita.

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