“Quien no se mueve no nota sus cadenas” Rosa de Luxemburgo.

La necesidad del conocimiento de uno mismo es algo que acompaña a la humanidad desde la antigüedad, ya en la Grecia clásica aparecía la famosa frase del templo de Delfos, “conócete a ti mismo”.

El entender quién soy yo realmente,  porque soy como soy, atrevernos a llegar  hasta nuestras profundidades, nuestras sombras, puede, sin duda,  resultar amenazante  y una tarea  poco sencilla pero, ¿no merece la pena  a fin de  poder entendernos y aceptarnos?  . Donde mejor podríamos invertir nuestro tiempo y energía que  en la búsqueda de reducir el sufrimiento de uno mismo, descubrir nuestro auténtico yo, poder aceptarnos plenamente  y poder tener relaciones más satisfactorias con los demás. Porque como dice Gracián “quien comienza ignorándose, mal podrá conocer las demás cosas”.

Siempre hay opción para el aprendizaje y el cambio.

“El verdadero viaje hacia el descubrimiento consiste no en tanto en buscar nuevos paisajes, cuanto en tener otros ojos” Marcel Proust.

“Quien no se mueve no nota sus cadenas” Rosa de Luxemburgo.

La necesidad del conocimiento de uno mismo es algo que acompaña a la humanidad desde la antigüedad, ya en la Grecia clásica aparecía la famosa frase del templo de Delfos, “conócete a ti mismo”.

El entender quién soy yo realmente,  porque soy como soy, atrevernos a llegar  hasta nuestras profundidades, nuestras sombras, puede, sin duda,  resultar amenazante  y una tarea  poco sencilla pero, ¿no merece la pena  a fin de  poder entendernos y aceptarnos?  . Donde mejor podríamos invertir nuestro tiempo y energía que  en la búsqueda de reducir el sufrimiento de uno mismo, descubrir nuestro auténtico yo, poder aceptarnos plenamente  y poder tener relaciones más satisfactorias con los demás. Porque como dice Gracián “quien comienza ignorándose, mal podrá conocer las demás cosas”.

Siempre hay opción para el aprendizaje y el cambio.

“El verdadero viaje hacia el descubrimiento consiste no en tanto en buscar nuevos paisajes, cuanto en tener otros ojos” Marcel Proust.

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