“Mi propio conocimiento es el único y máximo tesoro que poseo. Cierto que es infinitamente pequeño y frágil frente al poder de las tinieblas, pero una luz al fin y al cabo. Mi propia luz”. Carl G. Jung.

Sabemos que la ausencia de conflictos es algo incompatible con la vida, como bien dice Locke. La angustia y el sufrimiento es algo sustancial a la naturaleza humana, y nadie por tanto, está libre de conflictos internos. Hasta el mismo Freud llego a decir “He sido un hombre afortunado, en la vida nada me ha sido fácil”.

Sin embargo, no siempre comprendemos que llevamos dentro de nosotros/as los recursos necesarios para el cambio, la evolución y el éxito personal. Quitar los obstáculos que bloquean el camino, esa es la labor del psicólogo, el resto seguirá automáticamente, alimentado por las fuerzas interiores de autorrealización del paciente (“El Don de la Terapia”. Irvin D. Yalom).

Facilitar la superación de estos conflictos internos que bloquean nuestro camino y la angustia que estos nos generan, y sobre todo, poder comprendernos a nosotros mismos, entendemos que es la función de la terapia. Una terapia que tiene que ser única y particular para cada paciente, “hecha a medida“ de forma que le permita desarrollarse libre y completamente.

“La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo, puedo cambiar”. Carl Rogers.

“Mi propio conocimiento es el único y máximo tesoro que poseo. Cierto que es infinitamente pequeño y frágil frente al poder de las tinieblas, pero una luz al fin y al cabo. Mi propia luz” Carl G. Jung

Sabemos que la ausencia de conflictos es algo incompatible con la vida, como bien dice Locke. La angustia y el sufrimiento  es algo sustancial a la naturaleza humana, y nadie por tanto, está libre de conflictos internos .Hasta  el mismo Freud llego a decir “He sido un hombre afortunado, en la vida nada me ha sido fácil”

Sin embargo, no siempre comprendemos que llevamos dentro de nosotros/as los recursos necesarios para el cambio, la evolución y el éxito personal. Quitar los obstáculos que bloquean el camino, esa es la labor del psicólogo, el resto seguirá automáticamente, alimentado por las fuerzas interiores de autorrealización del paciente. (El Don de la Terapia Irvin D. Yalom)

Facilitar la superación  de  estos conflictos internos que bloquean nuestro camino y la angustia que estos nos generan, y  sobre todo, poder comprendernos a nosotros mismos, entendemos que es la función de la terapia. Una terapia que tiene que ser única y particular para cada paciente, “echa a medida“ de forma que le permita desarrollarse libre y completamente.

“La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo, puedo cambiar”. Carl Rogers

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